
Su marido, Enrique, se acerca a ella con medio vaso de zumo de fruta, el líquido baila en sus manos temblorosas, derramando alguna que otra gota por el camino.
- Cariño, tómate la pastilla con este poquito zumo – le acerca el vaso a los labios y le acaricia la cabeza.
Ella le mira con dulzura. Sus movimientos son lentos, pero logra regalarle una sonrisa, no sin evitar mostrar una mueca de desesperación.
Enrique se ha convertido en su sombra. Apenas duerme, apenas come; pero está nutrido. Se alimenta de amor. La rabia le mantiene con la energía suficiente para estar de pie, esa rabia de pensar que seguramente se irá ella antes que él y sabe que no resistirá ni cuarenta y ocho horas sin ella. “Moriré de pena” decía con su voz quebrada de desolación.
Enrique coloca una silla al lado del sillón de su esposa, le coge su mano y permite que su mirada se escape revoltosa hacia un lugar que desconoce para luego volver y atravesar la ventana que ilumina la habitación.
- Mira Aurora, ¿ves toda esa bandada de pájaros? – le da un ligero apretón en la mano señalándole la ventana. Vas a ver dentro de pocos segundos como se colocan en las antenas formando un círculo. Mira, mira…
A Aurora se le escapa un sonido gutural que recuerda a una risa tímida y sus ojos se esfuerzan en abrirse para más tarde desistir y quedar ligeramente entornados.
- Esta tarde viene la doctora a verte – le dice mientras se levanta a cogerle una manta para cubrir sus piernas. Me ha dicho que cuando termine con sus visitas pasará, que tiene una medicina nueva que te va a ayudar a mitigar el dolor.
Ella no hace ningún comentario, pero unas lágrimas osadas rompen el hastío de su cuerpo y se deslizan por sus mejillas. Hace días que no quiere hablar. Su enfermedad, gravemente extendida por casi todo el cuerpo, le dificulta las articulaciones de la garganta. Pronunciar unas palabras le supone un gran esfuerzo, acompañado generalmente de mucho sufrimiento.
Las manecillas del reloj siguen su ritmo frenético, mientras en el interior de la casa se ha parado el tiempo. Aurora logra dormir de puro agotamiento, él aprovecha para dar una cabezadita. Tiene su mano sujeta a la de Aurora, se ha acostumbrado a dormir así, con sus cuerpos unidos por el calor de sus manos.
Pasados una cantidad de incontables minutos, la temperatura de la atmósfera que le rodea ha disminuido. Las manos de Aurora están frías, su rostro ya no refleja dolor, está relajado. Su corazón se ha parado, pero las manecillas del reloj siguen su ritmo frenético.
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22 comentarios:
¡Precioso, Milagros! Ya estaba echando yo en falta alguna de tus historias.
Unos comenzando una historia de amor en la tierra... y otros, Enrique y Aurora, que la seguirán en ese pedacito de cielo que ella veía desde su querido ventanal.
Esto sí que es Amor, con mayúsculas, amiga, y además expresado en apenas unas líneas, sutiles y elegantes.
Un abrazo,
Gracias, Mar.
Es bonito que te quieran...hasta el último día de tu vida.
Un abrazo
Estupendo relato Milagros, el amor en estado puro, seguro que todos queremos, llegado el caso, una pareja así. Muy bien contado.
Conmovedor y sin caer en la cursilería. Muy bueno
Marien, J.E.Alamo, gracias por vuestros comentarios.
Un abrazo.
un relato muy bonito
Gracias, Miguelo.
Un abrazo.
Hola milagros, qué bonito.. con lo sensible qu estoy aissss..me alegro de tu vuelta ! un gustazo estar por aquí de nuevo,un besazo!.
Tormenta, me alegro de verte por aquí.
Un abrazo
manífico relato milagros
aunque la vida por lo general no nos haga ver las cosas en esa magnitud
un beso
fernando
Gracias, Fernando.
Un abrazo
"morire de pena"... como si fuese tan sencillo... no, Milagros? Un relato precioso y muy cercano que me ha conmovido. Tienes tanto por contar.
Vaya... Como me has dejado... Completamente emocionado, que bien lo has escrito, que sensibilidad.
Tristemente hermoso.
Besos
Luz de Gas, me alegro que te haya emocionado.
Un abrazo
Sumamente enternecedor. Tambien sabes hacer saltar las lágrimas del lector....
Un beso,
Tito Carlos, gracias.
Hacer saltar las lágrimas es más de lo que pretendía, me alegro.
Un abrazote
Como siempre FANTÁSTICO !!! Yo quiero que me quieran así.
Gracias, Lola. A mí también me gustaría.
Un abrazo
Me has dejado sin palabras, aunque la historia no es extraña en mi día a día.Espero que Aurora le llame pronto para reunirse con él. Y si no,que mientras tenga a su lado una "Aurorita" que seguro que, aunque de distinta manera, también puede quererle mucho.¿Verdad que si "Milagritos"?.
UN BESAZO
Nadie puede llenar el espacio de Aurora, pero sí es cierto que con cariño todo se traga mejor.
Un besazo, Laia.
Ese es amor de verdad y no otras cosas. Bonito relato Milagros.
hola es la 1º vez que entro por aqui ,lo encontre por casualidad y la verdad me alegro de haberlo hecho me a encantado conocer este blog , simplemente me emociona leerte un abrazo desde zgz
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