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lunes, 26 de enero de 2009

Mi refugio


Mi refugio

Cuarenta minutos ha durado la travesía. Hoy no ha habido mala mar. Desembarcamos mi soledad y yo con un montón de conflictos como único equipaje de mano, con el firme propósito de lanzarlos por el acantilado, de hacerlos evaporar antes de que lleguen al mar.

Como siempre, cuando llego al puerto, me emociono. Me impaciento por llegar a casa. Tengo deseos de esconderme, de perderme entre los caminos rurales, de conquistar al viento para que me ayude a caminar. Mientras camino voy acariciando cada piedra y cada flor con la mirada. Me detengo cada pocos pasos para escuchar ese silencio que me seduce, que me envuelve, que me hace escapar una sonrisa de satisfacción.

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domingo, 11 de enero de 2009

Las siete y veinticinco


Las siete y veinticinco

Eran las siete y veinticinco minutos. Hacía más de dos horas que estaba despierta y decidí comprobar con reloj en mano a la hora exacta que salía el sol. A las siete y veinticinco. Por supuesto era el mes de Diciembre.

Mis ojos se fugaron con el color del cielo, inundados de un tibio rayo de sol. Contemplando tanta belleza me sorprendí escuchando un suspiro mío, tímido, rompiendo el silencio más profundo.

Los tejados de las casas vecinas estaban mojados por la humedad del ambiente. No había llovido, pero lo parecía. Cada siete segundos me alcanzaba la luz del faro, destellaba iluminando su corto camino hacia mi balcón.

Antes de salir al exterior me había colocado en forma de capa una manta vieja que había encontrado por el armario de la abuela. La estrechaba contra mí, abrazándome, dándome el calor suficiente que yo necesitaba en ese momento. Mis pies estaban descalzos sintiendo el frio contacto del mármol, que contrastaba con la alta temperatura del resto de mi cuerpo.

Poco a poco mis ojos recorrieron todo el valle, reposando en cada casa y en cada árbol, trasladándome hasta ellos, meciéndome en sus ramas y dejándome acariciar por las gotas que resbalaban de sus hojas, sintiendo paz y quietud. Durante los siguientes quince minutos logré ser feliz, una vez más, y disfrutar de lo mucho que tenía delante de mí.

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